Antes de comenzar con la reseña, me gustaría dar un breve repaso a la filmografía de Eli Roth. Para quienes no están muy familiarizados con el nombre, es el responsable de una de las películas más controversiales de los últimos años: Hostal. Un film que puso en el radar mainstream el tampoco falto de controversia género gore, que durante años había permanecido muy pero muy lejos de los reflectores de la industria del cine. Apadrinado por Quentin Tarantino, Roth recaudó millones en taquillas y hasta donde tengo entendido, es la película clasificación ‘R’ más taquillera de todos los tiempos.

Después del éxito obtenido, satisfizo a los fans con la secuela (Hostal Part 2 y luego se dejó ver como uno de los Bastardos en Inglorious Bastards (2009) del ya mencionado Tarantino. Sin embargo, como director, no volvió a hacer nada hasta este año. Y por partida doble. Con meses de diferencia, The Green Inferno y Knock Knock llegaron a las salas de cine este año, ambas dirigidas y co-escritas por Eli Roth.

Knock Knock es un thriller psicológico bajo la dinámica de una home-invasion. Un padre de familia devoto y aparentemente feliz (el buen Keanu Reeves) recibe una visita inesperada en medio de una noche tormentosa. Dos hermosas jóvenes aparecen frente a su puerta pidiendo ayuda, pues se han perdido tratando de llegar a una fiesta. Sin embargo, al dejarlas pasar, comienza un juego enfermo del que el pobre Neo no podrá escapar.

Knock Knock (2015)

Sin embargo, el estilo personal de Roth es precisamente el mayor defecto de esta película. Los toques de humor y comedia que sobresalen en otros trabajos como Hostal, en esta ocasión no surten tan buen efecto. Además, algunas situaciones de la película son llevadas de manera conveniente en servicio de la historia, de tal forma que terminan sintiéndose forzadas o poco creíbles. Lo único que para muchos podría salvar la película, sería ver al buen Keanu Reeves en situaciones totalmente ajenas a las que alguna vez acostumbraba, salvando al mundo a base de karate y esas cosas.

Quizás Eli Roth abusó mucho de ese toque cómico y desinteresado que lo caracteriza, pero en esta ocasión no le resultó. Un estilo que a Robert Rodriguez nunca le ha funcionado y que sólo el amo Quentin Tarantino lo sabe usar. En esta ocasión, me arrepiento un poco de haber agregado esta película al #HorrorMovieMarathon. Pero al menos ya quedan advertidos.

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