Mundano 

Cincuenta pesos. Qué tanto podrías hacer con esa cantidad de dinero. Casi todos nosotros gastamos más que eso todos los días. Tan solo en el pasaje del autobús, del tren. O si fue viernes y nos sentimos espléndidos, nos permitimos una comida con postre y ahí se fueron casi cien.

Bueno, cincuenta pesos me costó saber que Steve Albini vive (casi) al día con su estudio en Chicago. Y eso, al menos para mí, está más allá de mi comprensión.

Permítanme explicarme. Con todo el hype que me generó desde el martes en la noche el tweet de los Foo Fighters, prometiendo un anuncio oficial para la noche del miércoles, estuve esperando todo el maldito día a que mi time line por fin se actualizara con algún mensaje firmado por @foofighters.

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Como quizás muchos de ustedes ya se dieron cuenta, nos tomaron el pelo a muchos (todos) los que nos consideramos fans de la banda y que por un instante pensamos lo peor.

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Una vez resueltos mis más oscuros miedos sobre el futuro de mi banda favorita, decidí buscar esos videos que alguna vez encontré en YouTube, donde la banda se dedica a ser feliz mientras graban algunas canciones para el disco/documental que terminaron llamando Sonic Highways. Un impulso capitalista y derrochador se apoderó de las yemas de mis dedos y terminé tecleando en el buscador el sitio oficial de la banda, esperando poder encontrar una manera de hacerme con ese documental de manera legal (después de haber fracasado rotundamente en encontrarlo en forma de torrent).

Dos dólares con cuarenta y tantos centavos. Poco menos de cincuenta pesos (según el tipo de cambio dominante la noche del 2 de marzo de 2016), por capítulo de la serie. Nada mal.

Compré el primero, titulado Chicago, se imaginarán en honor a qué. La serie inicia en esta ciudad, y entre los muchos artistas destacados que retrata el documental, aparece Steve Albini. Para quienes no sepan quien es este señor, no teman más. Tecleen where is my mind pixies en el buscador del servicio de streaming de su preferencia. Pixies obtuvo ese sonido tan característico que terminó definiéndolos por el resto de su carrera, en gran parte gracias a Albini.

Les ahorro los spoilers, además de que esta no es precisamente una reseña del capítulo. Lo que me golpeó en la cara fue esta parte en la que se detienen un momento a analizar la vida y obra de Steve Albini, y este en un ataque de honestidad (que parece ser característico en él) confiesa que en más de una ocasión los gastos mensuales de su estudio lo han llevado a la bancarrota. Ha sobrevivido a base de prestamos y créditos, que con el tiempo y algunas buenas rachas ha ido pagando. Él, Steve Albini, el productor detrás del In Utero de Nirvana.

Uno imaginaría que tipos como él ya no pertenecen al mismo plano terrenal en el que ustedes y yo co-existimos. Este lugar que habitamos es para seres comunes, personas corrientes. Y haya arriba, después de las nubes, habitan todos nuestros héroes. Felices, en su muy particular manera de serlo. Bueno, pues resulta que Steve Albini también se las ve negras para conseguir la renta de su estudio al final de cada mes. Sin embargo, en eso sí no me equivoco, parece ser feliz en su muy particular manera de serlo.

Steve Albini cat

Steve Albini cat 2

Esta muestra de humanidad y mundanidad me dio mucho qué pensar. Uno podría pensar que enterarse de estas situaciones desmotivarían a quien pudiera sentirse engañado por esta ilusión en la que sus grandes héroes, de una forma u otra, viven en un estado de gracia, en el que todas las penurias y dificultades a las que se enfrentaron en el anonimato les han ganado el derecho a estar exentos de ellas por lo que reste de sus vidas de super estrellas. Al final de cuentas, son las leyendas que viven en nuestras paredes y a quienes escuchamos todos los días, con los audífonos a todo volumen.

Bueno, a mi no hacen mas que motivarme más. Me hace sentir no tan lejos de ellos, mejor dicho, más cercano. Después de todo, tienen (tuvieron, tendrán) los mismos miedos, preocupaciones, sueños, aspiraciones. Se despiertan todos los días a seguir haciendo lo que mejor hacen, lo que más les gusta, lo que tienen que hacer. Es un viaje que no acaba nunca. No existe una cima, siempre hay más por recorrer cruzando ese horizonte que nuestra vista apenas alcanza a percibir. Y esta idea me parece brutalmente enaltecedora.

Al final de cuentas, Steve Albini, Dave Grohl, tipas y tipos del mismo calibre, pertenecen al Salón de la Fama (ya sea al real o al colectivo). Y yo, pues yo estoy detrás de estas teclas, intentando poner en orden toda la avalancha de emociones que desembocan en estas letras. Pero si por un momento puedo sentirme en comunión con un extraño, a miles de kilómetros de distancia, a través de su música y una pizca de información personal, entonces quizás pueda utilizar esa fuerza, esa energía, para encontrar el empujón que me hace falta. Sobre todo en esos momentos en los que te sientes solo, dando vueltas en el mismo lugar, con un destino en la cabeza pero sin dirección en los pies.

Si esa certeza, de encontrar un destello de norte en el momento en que más perdido me siento, cuesta cincuenta pesos, carajo, estoy dispuesto a pagarlos. Todas las veces que sea necesario. Hay gente que con menos ha hecho más, y para aprender, nunca hay que ser tacaño. Solo hay que saber aprovechar las limitaciones y convertirlas en oportunidades. No se trata de sentirse intimidado por nuestros héroes, no. Se trata de sentirse inspirado por ellos.

 

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