El puntero brillando intermitente. La hoja en blanco. Hace algunas horas tenía tanto que decir y ahora que estoy frente al monitor… nada.

Buscar y encontrar esos momentos de inspiración es un problema común. Desde las primeras líneas de un ensayo hasta el cambio de verso a coro en una canción. Hay momentos donde simplemente nos sentimos secos, vacíos, obtusos. La inspiración ha decidido no visitarnos esta noche.

Precisamente platicaba sobre esto con una amiga hace unos días ¿Hay maneras de invocar a la inspiración al momento? ¿Puede uno sentarse frente a la computadora y empezar a escribir el mejor post de mi vida, simplemente con querer hacerlo?

Muchos tenemos nuestros trucos. Algunos les gusta prender velas y varas de incienso, poner la playlist que con tanto empeño armaron en Spotify con esos fines, se sirven esa bebida que nos ayuda a pensar más claro y nos concentramos en ser asombrosamente creativos. Sí, ya sé lo que están pensando. No siempre es así.

Haruki Murakami, en su libro De lo que hablo cuando hablo de correr, comparte sobre su técnica para encontrar la inspiración para escribir. Dicho de mejor manera, ni siquiera se preocupa por encontrarla. La entiende como una sensación caprichosa. En lugar de invocarla, decide sentarse y durante un par de horas concentrarse única y exclusivamente en escribir. Aunque no tenga una buena idea, o siquiera una idea del todo. Aunque sienta que todo lo que ha escrito es una basura. Él dice que simplemente se sienta a escribir, sin parar, durante un par de horas. Y de alguna forma, mientras se encuentra en ese estado de concentración y dedicación extrema, la inspiración termina por encontrarlo. De algo le debe haber servido hacer esto. El autor es uno de los más exitosos y admirados de los últimos años.

Yo, soy un tipo más bien desordenado. No podría hacer lo que él porque suelo tener problemas para enfocar mi atención en una sola cosa durante más de treinta minutos. Pero me conozco, y conozco mis gatillos emocionales. Escuchar el siguiente disco de mi lista de pendientes, avanzar un capítulo de alguno de los libros que estoy leyendo, ver esa película que me recomendaron pero que he ido posponiendo por estar ocupado. Luego, simplemente me siento y comienzo a crear. Borro y vuelvo a comenzar. De repente, como suspiro de alivio, se materializa frente a mí una buena idea. Magia.

Creo que todos, de una forma u otra, conocemos una manera para conocemos una manera para estimular nuestra creatividad. Saber los viejos trucos de otros nos puede ayudar a mejorar los nuestros.

Y ustedes ¿Tienen alguna receta infalible para invocar a la inspiración todos los días? ¿Cuáles son sus trucos?

La inspiración no se puede programar. Uno puede prepararse, estar dispuesto a recibir la inspiración, que es espontánea e imprevisible, contraria a las pautas de repetición y expectativa. La inspiración siempre es una visita inesperada. – John O’Donohue

Foto de portada: L’inspiration du poète, de Nicolas Poussin.

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