Big Star: Nothing Can Hurt Me (2012)

Hace no mucho, me encontraba perdido entre los contenidos de Netflix. Como muchos de ustedes, no sabía qué película o serie ver. Problemas de primer mundo. Llegué al apartado de documentales. Uno llamó mi atención. Big Star: Nothing Can Hurt Me. Bendito destino.

El documental es sobre Big Star, una banda setentera americana que fue deleite de críticos y prensa, pero que nunca logró la fama ni trascendencia que buscaban en el público. Quizás un poco adelantados a su tiempo, quizás demasiado heavy metal en la radio en aquellos años.

Big Star

Pensándolo bien, su historia no es tan diferente a la de cientos de bandas, aquí y allá, que buscan su lugar en una industria llena de trampas y claroscuros. Iniciaron impulsados por los sonidos de The Kinks, The Beatles, The Birds, The Who. Cuatro músicos talentosos que bien pudieron haber brillado cada uno en una banda diferente. Pero que por bendiciones del destino terminaron juntos en una misma cabina de grabación en Memphis.

Sus tres álbumes pasaron sin pena ni gloria por las tiendas de discos. Durante algunos años lucharon contra la frustración de hacer música que ellos consideraban importante, pero que simplemente no lograba llamar la atención mas que de unos cuantos. La banda se desintegró y cada uno de sus integrantes inició su propio camino, tratando de dejar atrás la herida de un proyecto que amaron tanto pero que les dio tan poco. No se imaginaban que durante los siguientes treinta años su música serviría de inspiración para la siguiente generación de artistas.

Músicos de la talla de Jeff Buckley, Michael Stipe y Peter Buck de R.E.M., Cheap Trick y muchos más declararon ser fans de la prácticamente desconocida banda de los 70’s. Incluso, varias personas se referían a ellos como los precursores del género power pop. Fue después de este reconocimiento público de sus famosos admiradores que recibieron (por fin) el reconocimiento y aceptación que tanto buscaron.

La historia de Big Star es para mi inspiradora, o más que eso. Reveladora. Los caminos al éxito, sea cual sea nuestra propia definición de la palabra, siempre son distintos e inexplicables. Sí, seguro que para los miembros de esta banda hubiese sido lindo disfrutar de su fama durante su juventud y no treinta años después. Pero quizás esa era su misión en esta vida. Entregar música de la más hermosa que su generación pudo dar y dejarla sembrada para que aquellos que hemos venido después podamos apreciarla y darle su merecido lugar. Trascender así de bonito, más allá de las dificultades del camino, es El Sueño. Mi sueño. Y el sueño de muchos, estoy seguro.

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