Sputnik, mi amor (Supûtoniku no koibito) – Haruki Murakami

Sputnik. mi amor

Todos tenemos un lugar especial en nuestros corazones en donde guardamos aquellos libros que nos cambian la vida. Y los volvemos a visitar cada vez que podemos, o cuando a pasado mucho tiempo, o porque los extrañamos demasiado. Para mí, Sputnik, mi amor de Haruki Murakami es uno de esos libros.

Tenía años sin leer. Estudiar una carrera de ingeniería casi te obliga a que la mayor parte de tus lecturas sean técnicas, y cuando intentas leer algo diferente, el cansancio acumulado se convierte en un sueño difícil de persuadir. Todo eso cambió cuando una amiga mía tuvo uno de los detalles más bellos de la vida y me prestó su copia de Sputnik. “Es uno de mis libros favoritos”, me dijo, “creo que te puede gustar”. Dos años después ella se convertiría en mi mejor amiga y el libro… bueno, me recordó la trascendencia de ciertas lecturas en la vida.

No tendría mucho sentido armarles una sinopsis. No tiene sentido escribir sinopsis sobre nada que haya escrito Murakami. No es ese tipo de escritor. Sus historias son ordinarias, sus personajes son ordinarios, pero sus conflictos no. Ahí radica su magia y la belleza de su obra.

En este libro presenta un triángulo amoroso. Tres personajes en una búsqueda: una joven novelista enamorada, una mujer enigmática con un secreto, un maestro de primaria no correspondido. Es este tercer personaje el que nos sirve de narrador de una historia breve, espontánea, intensa, hermosa.

Al terminar de leer la última página, había un vacío en mi pecho. Nostalgia, ausencia, saudade. Extrañaba a Sumire, extrañaba todo. No pasa seguido que te enamores de personajes de una novela. Que te enamores del universo de un autor. A mi no me había pasado nunca.

Sputnik, mi amor me devolvió esa sensación, y desde entonces no he parado de buscar la cura. No es que realmente quiera curarme, es esta búsqueda lo que más me gusta. Después de este libro comencé a leer más de Murakami, de Taibo II, de Amanda Palmer. Sobre historia, sobre crimen, sobre injusticia, sobre amistad, sobre todo. Me devolvió la sed que había perdido. Justo como Sumire recuperó su alma después de ver roto su corazón. La vida resumida en un libro de 244 páginas. Un colapso necesario para volver a nacer.

Mientras lo leía, encontré varias páginas con esquinas dobladas, como señalando aquellos pasajes que seguramente a mi amiga le parecieron relevantes o dignos de volver a leer alguna vez. Curiosamente, uno de ellos se volvió en uno de mis favoritos. Se los comparto, porque no se me ocurre una mejor manera de cerrar esto que con palabras que parecen mas bien ecos de mis propios pensamientos. Pero fueron escritas en otro tiempo y espacio, por alguien más. Si eso no es magia, no sé qué chingados lo sea.

Cuando hablaba con Surime era cuando vislumbraba con mayor claridad mi existencia. Más que hablar, estaba pendiente de cada una de las palabras que brotaban de sus labios. Ella me preguntaba por esto y aquello; exigía además una respuesta. Si no se la daba protestaba, y si le salía con evasivas se enfadaba en serio. En este sentido era distinta a la mayoría de la gente. Sumire quería conocer de verdad mi opinión sobre diversas cuestiones. Así me acostumbre a darle una respuesta precisa a sus preguntas y, a través de este intercambio, le revelaba a ella (y de paso a mí mismo) muchas cosas sobre mí.

Sputnik, mi amor – Haruki Murakami

 

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