No todos los errantes están perdidos

Es complicado hacer algo diferente. Y me refiero realmente diferente. Nunca sabes bien cómo o dónde comenzar. De inmediato te asaltan los miedos, las dudas. Te arrepientes y sientes ese impulso por volver y aferrarte de aquello que considerabas seguro. Pero el cambio también significa esperanza, hacer todo diferente significa comenzar desde cero. Hacerlo bien desde el principio.

Ahí me encuentro yo. Como un niño frente a los legos, de todos los colores, de todas las formas, listo para armar algo. Quizás a esa edad no conocíamos lo que significaba un bloqueo creativo. Porque emanábamos creatividad por todos lados. Pero cuando se tiene veintiséis y toda la vida la haz transitado por el camino seguro, se vuelve complicado comenzar a caminar por la cuerda floja. Pero sólo es cuestión de memoria, recordar los viejos tiempos donde (literalmente) todo era posible. Mira mamá, hice una pistola de rayos láser. Ahuevo.

Cuando se tiene veintiséis y toda la vida la haz transitado por el camino seguro, se vuelve complicado comenzar a caminar por la cuerda floja.

A este cambio de vida se debe la ausencia de actividad en este lugar. Pero creo que ha llegado el momento de empezar a poner las primeras piezas y comenzar a caminar hacia lo desconocido. Y siempre me ha servido de catarsis desbocar ideas aquí. Así que estamos de vuelta. Ojalá todo lo que tengo en mente llegue a materializarse. Cuando eso suceda, aquí podrán leer al respecto.

Si todo termina siendo un fracaso monumental, al menos este lugar podrá servir de ejemplo para todos aquellos que deseen aprender de los errores ajenos. El punto es que, de una forma u otra, todas esas noches de incertidumbre sirvan de algo.

Porque todo cambio es para bien, dicen los abuelos. Y además, perderse es bueno.

Existe esta presión social para ser productivo. Una presión que juzga a todo aquel que no pueda definirse dentro de una profesión aceptada. Tenemos que ser ingenierxs, doctorxs, arquitectxs, maestrxs, licenciadxs, lo que sea. Nos vemos obligados a medir nuestro valor según el papel que nos han dado en la escuela y ocupar ese lugar durante el resto de nuestras vidas. Pero caminar sin rumbo a veces es lo que necesitamos. Para aprender cosas nuevas, experimentar lo desconocido, descubrirse a uno mismo. Ser realmente quien siempre hemos querido ser.

Tolkien encontró las palabras exactas para describirlo, no todos los errantes están perdidos. Y yo quiero seguir perdido durante un rato más.

Calle Felicidad #420

La inspiración del poeta

La inspiración del poeta

El puntero brillando intermitente. La hoja en blanco. Hace algunas horas tenía tanto que decir y ahora que estoy frente al monitor… nada.

Buscar y encontrar esos momentos de inspiración es un problema común. Desde las primeras líneas de un ensayo hasta el cambio de verso a coro en una canción. Hay momentos donde simplemente nos sentimos secos, vacíos, obtusos. La inspiración ha decidido no visitarnos esta noche.

Precisamente platicaba sobre esto con una amiga hace unos días ¿Hay maneras de invocar a la inspiración al momento? ¿Puede uno sentarse frente a la computadora y empezar a escribir el mejor post de mi vida, simplemente con querer hacerlo?

Muchos tenemos nuestros trucos. Algunos les gusta prender velas y varas de incienso, poner la playlist que con tanto empeño armaron en Spotify con esos fines, se sirven esa bebida que nos ayuda a pensar más claro y nos concentramos en ser asombrosamente creativos. Sí, ya sé lo que están pensando. No siempre es así.

Haruki Murakami, en su libro De lo que hablo cuando hablo de correr, comparte sobre su técnica para encontrar la inspiración para escribir. Dicho de mejor manera, ni siquiera se preocupa por encontrarla. La entiende como una sensación caprichosa. En lugar de invocarla, decide sentarse y durante un par de horas concentrarse única y exclusivamente en escribir. Aunque no tenga una buena idea, o siquiera una idea del todo. Aunque sienta que todo lo que ha escrito es una basura. Él dice que simplemente se sienta a escribir, sin parar, durante un par de horas. Y de alguna forma, mientras se encuentra en ese estado de concentración y dedicación extrema, la inspiración termina por encontrarlo. De algo le debe haber servido hacer esto. El autor es uno de los más exitosos y admirados de los últimos años.

Yo, soy un tipo más bien desordenado. No podría hacer lo que él porque suelo tener problemas para enfocar mi atención en una sola cosa durante más de treinta minutos. Pero me conozco, y conozco mis gatillos emocionales. Escuchar el siguiente disco de mi lista de pendientes, avanzar un capítulo de alguno de los libros que estoy leyendo, ver esa película que me recomendaron pero que he ido posponiendo por estar ocupado. Luego, simplemente me siento y comienzo a crear. Borro y vuelvo a comenzar. De repente, como suspiro de alivio, se materializa frente a mí una buena idea. Magia.

Creo que todos, de una forma u otra, conocemos una manera para conocemos una manera para estimular nuestra creatividad. Saber los viejos trucos de otros nos puede ayudar a mejorar los nuestros.

Y ustedes ¿Tienen alguna receta infalible para invocar a la inspiración todos los días? ¿Cuáles son sus trucos?

La inspiración no se puede programar. Uno puede prepararse, estar dispuesto a recibir la inspiración, que es espontánea e imprevisible, contraria a las pautas de repetición y expectativa. La inspiración siempre es una visita inesperada. – John O’Donohue

Foto de portada: L’inspiration du poète, de Nicolas Poussin.

Mundano 

Cincuenta pesos. Qué tanto podrías hacer con esa cantidad de dinero. Casi todos nosotros gastamos más que eso todos los días. Tan solo en el pasaje del autobús, del tren. O si fue viernes y nos sentimos espléndidos, nos permitimos una comida con postre y ahí se fueron casi cien.

Bueno, cincuenta pesos me costó saber que Steve Albini vive (casi) al día con su estudio en Chicago. Y eso, al menos para mí, está más allá de mi comprensión.

Permítanme explicarme. Con todo el hype que me generó desde el martes en la noche el tweet de los Foo Fighters, prometiendo un anuncio oficial para la noche del miércoles, estuve esperando todo el maldito día a que mi time line por fin se actualizara con algún mensaje firmado por @foofighters.

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Como quizás muchos de ustedes ya se dieron cuenta, nos tomaron el pelo a muchos (todos) los que nos consideramos fans de la banda y que por un instante pensamos lo peor.

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Una vez resueltos mis más oscuros miedos sobre el futuro de mi banda favorita, decidí buscar esos videos que alguna vez encontré en YouTube, donde la banda se dedica a ser feliz mientras graban algunas canciones para el disco/documental que terminaron llamando Sonic Highways. Un impulso capitalista y derrochador se apoderó de las yemas de mis dedos y terminé tecleando en el buscador el sitio oficial de la banda, esperando poder encontrar una manera de hacerme con ese documental de manera legal (después de haber fracasado rotundamente en encontrarlo en forma de torrent).

Dos dólares con cuarenta y tantos centavos. Poco menos de cincuenta pesos (según el tipo de cambio dominante la noche del 2 de marzo de 2016), por capítulo de la serie. Nada mal.

Compré el primero, titulado Chicago, se imaginarán en honor a qué. La serie inicia en esta ciudad, y entre los muchos artistas destacados que retrata el documental, aparece Steve Albini. Para quienes no sepan quien es este señor, no teman más. Tecleen where is my mind pixies en el buscador del servicio de streaming de su preferencia. Pixies obtuvo ese sonido tan característico que terminó definiéndolos por el resto de su carrera, en gran parte gracias a Albini.

Les ahorro los spoilers, además de que esta no es precisamente una reseña del capítulo. Lo que me golpeó en la cara fue esta parte en la que se detienen un momento a analizar la vida y obra de Steve Albini, y este en un ataque de honestidad (que parece ser característico en él) confiesa que en más de una ocasión los gastos mensuales de su estudio lo han llevado a la bancarrota. Ha sobrevivido a base de prestamos y créditos, que con el tiempo y algunas buenas rachas ha ido pagando. Él, Steve Albini, el productor detrás del In Utero de Nirvana.

Uno imaginaría que tipos como él ya no pertenecen al mismo plano terrenal en el que ustedes y yo co-existimos. Este lugar que habitamos es para seres comunes, personas corrientes. Y haya arriba, después de las nubes, habitan todos nuestros héroes. Felices, en su muy particular manera de serlo. Bueno, pues resulta que Steve Albini también se las ve negras para conseguir la renta de su estudio al final de cada mes. Sin embargo, en eso sí no me equivoco, parece ser feliz en su muy particular manera de serlo.

Steve Albini cat

Steve Albini cat 2

Esta muestra de humanidad y mundanidad me dio mucho qué pensar. Uno podría pensar que enterarse de estas situaciones desmotivarían a quien pudiera sentirse engañado por esta ilusión en la que sus grandes héroes, de una forma u otra, viven en un estado de gracia, en el que todas las penurias y dificultades a las que se enfrentaron en el anonimato les han ganado el derecho a estar exentos de ellas por lo que reste de sus vidas de super estrellas. Al final de cuentas, son las leyendas que viven en nuestras paredes y a quienes escuchamos todos los días, con los audífonos a todo volumen.

Bueno, a mi no hacen mas que motivarme más. Me hace sentir no tan lejos de ellos, mejor dicho, más cercano. Después de todo, tienen (tuvieron, tendrán) los mismos miedos, preocupaciones, sueños, aspiraciones. Se despiertan todos los días a seguir haciendo lo que mejor hacen, lo que más les gusta, lo que tienen que hacer. Es un viaje que no acaba nunca. No existe una cima, siempre hay más por recorrer cruzando ese horizonte que nuestra vista apenas alcanza a percibir. Y esta idea me parece brutalmente enaltecedora.

Al final de cuentas, Steve Albini, Dave Grohl, tipas y tipos del mismo calibre, pertenecen al Salón de la Fama (ya sea al real o al colectivo). Y yo, pues yo estoy detrás de estas teclas, intentando poner en orden toda la avalancha de emociones que desembocan en estas letras. Pero si por un momento puedo sentirme en comunión con un extraño, a miles de kilómetros de distancia, a través de su música y una pizca de información personal, entonces quizás pueda utilizar esa fuerza, esa energía, para encontrar el empujón que me hace falta. Sobre todo en esos momentos en los que te sientes solo, dando vueltas en el mismo lugar, con un destino en la cabeza pero sin dirección en los pies.

Si esa certeza, de encontrar un destello de norte en el momento en que más perdido me siento, cuesta cincuenta pesos, carajo, estoy dispuesto a pagarlos. Todas las veces que sea necesario. Hay gente que con menos ha hecho más, y para aprender, nunca hay que ser tacaño. Solo hay que saber aprovechar las limitaciones y convertirlas en oportunidades. No se trata de sentirse intimidado por nuestros héroes, no. Se trata de sentirse inspirado por ellos.